Vivimos en un mundo y en una sociedad que nos mueve por inercia. Es fácil habituarse a la rutina, levantarnos, desayunar, trabajar, comer, trabajar más, con un poco de suerte entrenar o quedar con nuestras amistades, cenar y a dormir. Al día siguiente cuando suena la alarma, otra vez lo mismo y así día tras día. Nos funciona vivir a través de las rutinas, es lo que aprendemos desde pequeños y es lo que nos permite ser productivos, que a fin de cuentas es lo que la sociedad nos pide.
Sin embargo, ¿cómo de sano es vivir así?
¿Nos dedicamos tiempo a nosotros mismos? ¿Nos paramos a observarnos y analizar cómo estamos o cómo nos sentimos?
Con demasiada frecuencia las respuestas a estas preguntas suelen ser NO y es entonces cuando aparecen las consecuencias de este ritmo de vida. Podemos empezar a sentir apatía, angustia, estrés, sentir que no estamos aprovechando nuestra vida…
¿Qué podemos hacer entonces?
Mi recomendación es que intentes buscar un espacio al menos una vez por semana. No es necesario dedicarle un tiempo excesivo, pero sí que el tiempo que le dediques sea desde la calma y sin las prisas de hacer otro check en la gran lista de tareas que tienes que hacer durante el día de hoy.
Párate 20 – 30 minutos y pregúntate….
- ¿Cómo he estado estos últimos días?
- ¿Me noto más cansadx y estresadx de lo habitual? Si es así, ¿A qué creo que se debe?
- ¿En esta última semana me he regalado algun momento de desconexión? ¿He hecho algo solo por el placer de hacerlo y no porqué tengo que hacerlo?
- ¿Estoy contentx con cómo he sobrellevado las dificultades que me han ido surgiendo a lo largo de la última semana? Si no es así, ¿Qué puedo hacer al respecto?
Es importante saber parar para poder conectar con nosotros mismos, solo así podremos vivir que no sobrevivir en la sociedad del S.XXI.